A GARCILASO Y A DON QUIJOTE
Los cuarenta sonetos que escribió se mueven dentro del dilema entre la pasión y la razón que caracteriza la poesía petrarquista; en estos poemas el autor recurre, como el mismo Petrarca, al paisaje natural como correlato de sus sentimientos.
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Que se pasaba las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio
en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de
manera que vino a perder el juicio.

No me quiero morir ¡dios del soneto!
sin que me des, también, al escribirlos,
el arte celestial de repulirlos;
sin contarle a ninguno mi secreto.

A cambio del favor yo te prometo
exquisita canción de blancos mirlos,
que nadie tilde su trinar de birlos,
ni señale su canto de indiscreto.

Armado con espada “sonetista”,
solo me falta conseguir un Sancho,
para, sin olvidar ninguna arista,

ir buscando por lo largo y por lo ancho,
grosero trovador que se resista,
loar la Dulcinea de mi rancho.

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