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Un perro va al Hospital cada día desde hace 3 meses y el verdadero motivo te enternecerá

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Sin raza, pequeño, peludo, de patitas cortas, orejas dobladas hacia delante y ojitos inteligentes. Así es el protagonista de esta noticia. Hichiko llegó al hospital de Taikang en Wuhan, epicentro de la pandemia, siguiendo a su dueño, ingresado al presentar síntomas de COVID-19. El pequeño perro decidió esperar a la entrada del Hospital hasta que su dueño saliera, tras recibir el alta. Las semanas fueron pasando y Hichiko lleva ya tres meses esperando. Sin embargo, desafortunadamente su dueño murió solo 5 días después de ingresar, pero Hichiko no pudo verlo y no se enteró, así que siguió acudiendo cada día al hospital a esperar su regreso. Alguien, molesto por la presencia del perro, decidió atraparlo y llevarlo lejos del lugar, para librarse de él. Sin embargo, el pequeño consiguió él solo regresar al centro hospitalario para continuar con su «misión imposible»; no marcharse de allí a menos que su dueño lo acompañara.

Una trabajadora del centro médico de Wuhan, se dio cuenta de esta triste situación, y se conmovió con el pequeño peludo. Conociendo su historia y la situación sin salida en que estaba el perro, decidió alimentarlo y cambiarle el nombre por “Xiao Bao” (Tesorito). Dado que el hospital no es lugar para él, lo llevó a un refugio animal llamado “Wuhan small animal protection” donde fue aceptado y ahora le están buscando un nuevo hogar. Los trabajadores del Hospital aseguran que Xiao Bao es un perrito muy leal, fiel y obediente, por lo que esperan que pronto una familia se enamore de él y le ofrezca un hogar para el resto de su vida. Esperamos que la difusión en redes sociales traiga mucha suerte a este pequeño angelito y en cuestión de días encuentre el amor que necesita y merece.

Esta historia nos recuerda demasiado a la de Hachiko, y no solo porque sus nombres sean prácticamente idénticos. Todos conocemos al perro fiel que esperó durante toda su vida a su dueño, el profeor Hidesaburō Ueno sentado en la estación de tren de Tokyo, Japón. Hachiko, al igual que Hichiko, no pudo ver a su dueño tras su muerte, por lo que siguió esperando durante más de una década su regreso, sin enterarse de que éste había fallecido. Lealtad sin límites.